Reciprocidad en la organización empresarial

Cada miembro del sistema organizacional desde su puesto aporta con su trabajo y recibe de la organización en un constante intercambio que puede ir creciendo o disminuyendo a lo a lo largo del tiempo. La forma de tomar de la organización para compensar lo que se da no es solo a través de un sueldo, sino también a través de incentivos, promociones y del reconocimiento y la valoración justa a la contribución echa a través de la función que uno realiza. A todos nos gusta que nos pongan medallas, pero la mejor condecoración es el reconocimiento de los demás compañeros de trabajo y de los jefes. Dejando la individualidad y trabajando en equipo con entusiasmo. Este intercambio en la organización no es únicamente el de los trabajadores con su empresa, sino que también mirando a la organización como un todo. Todos los que son parte de la misma, desde el jardinero hasta los puestos más altos y todos aquellos que tienen un intercambio aunque estén de manera externa. Siempre va a haber un intercambio constante entre la organización y sus clientes, sus proveedores, el entorno en el que esta se encuentra, etc. La organización vital y sana mantendrá un intercambio dinámico y siempre creciente, no solo en cantidad sino también en calidad. Una organización que lleva muchos años en funcionamiento se ha vuelto por sí misma importante porque a través de este intercambio está conectada con muchas familias, gente que dio el mejor de sus esfuerzos por la organización.

Es interesante comprobar cuánto de ese «intercambio sistémico» se está dando en una empresa o en una situación laboral: ¿es un intercambio que revitaliza a la organización o, más bien, «chupa» sus energías? El intercambio entre adultos suele ser energetizante; el que adopta la forma padre (o madre) -hijo (o hija), hermanos bloquea, desvitaliza. Y curiosamente, en muchas transacciones preferimos sin darnos cuenta este segundo que al primero, ya que la influencia de nuestras formas de relacionarnos en nuestra familia es decisiva.

El apoyo mutuo es la traducción de la confianza y de la comunicación espontánea pero si nos compartamos como hermanos, entre nuestros iguales se corre el riesgo de transferir experiencias familiares negativas, en nuestras relaciones con los compañeros de trabajo generando un desequilibrio en el intercambio.

Si el jefe se comporta como padre el subordinado, las posibilites de crecimiento profesional se limitan por el efecto del paternalismo, manteniendo a la persona como un niño, o si el subalterno mira al jefe como padre, proyectará en él, lo no resuelto en su vinculo con su padre.

Si mejoramos nuestro rendimiento profesional comportándonos como adultos y lo compartimos con el resto de los compañeros del equipo, el éxito del proyecto está garantizado, siendo el beneficio obtenido para todos los componentes del sistema.

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